Vestir adecuadamente

Pese a ser improductiva, la moción de censura de Vox me dejó, como las películas buenas, el recuerdo de una escena que todavía perdura. Fue el de una diputada adscrita a una marea-confluencia defendiendo su derecho a ir al Congreso en camiseta (aunque luego les invitas a los Goya y se matan por vestir como en las bodas). Esta parlamentaria alegaba que el saber estar y la dignidad no los marca la vestimenta. Y qué razón tiene, pues ahí está Jon Iñarritu, que es de Bildu y va todos los días en traje. Los que somos defensores de la libertad no nos perdemos en estas peleítas. Sin embargo, aunque la vestimenta no define tu capacidad ni tu valía intelectual, sí revela cómo de en serio te tomas a quienes tienes delante. Quien haya ligado, aunque sea poco y en años pares, lo habrá notado. No tardas lo mismo en vestirte para ir al Mercadona que cuando has quedado para cenar. Una vestimenta formal, en conclusión, debería ser como las mascarillas quirúrgicas: te la pones no por ti, sino por deferencia con el que tienes delante. Así te vistes, así le consideras.
