Las últimas veces

Ahora que se ha muerto Pepe Domingo Castaño, hay una lección de vida que permanece. Tras acabar mal con José Ramón de la Morena, este quiso hacer las paces años después y le pidió a Juanma Castaño que mediara entre ambos. Pepe Domingo se negó, alegando que vivía perfectamente sin saber de él. Para ablandarlo, Juanma Castaño le hizo la siguiente reflexión: «Anda que como le pase algo a Joserra, y se te quede el mal cuerpo de que te tendió la mano y no se la cogiste…». Aquello surtió efecto y hubo reconciliación. Viene esto a cuento de que a menudo ponemos mucho esmero en las primeras-veces, en las primeras-impresiones. Hay hasta libros sobre ello. Sin embargo no ponemos el mismo cariño en las últimas, quizá porque no sabemos que lo son. Sé de gente que se quedó semanas mirando el último WhatsApp que cruzó con alguien querido (vale un pariente, vale una exnovia), como si a fuerza de mirarlo fuese a cambiar lo que ponía. Y no se me ocurre dolor más grande que acudir al teléfono como quien mira al VAR, por si encuentra alguna repetición que le devuelva el sosiego que la realidad le quitó.
