La rueda buena

Lo ocurrido en las últimas semanas con la práctica disolución de Podemos es de las maniobras políticas más extrañas que se recuerdan. Visto en perspectiva, y tras 48 horas de barbecho mental, la realidad de los hechos es que un partido menguante (pero con todavía 35 diputados en el Congreso) se ha dejado absorber por un movimiento de reciente creación, sin censo y sin primarias. Y todo porque, presuntamente, Yolanda Díaz es la «rueda buena», usando lenguaje ciclista, o «el guapo de la relación», si empleamos códigos de 'La isla de las tentaciones'. La cronología es la siguiente: Podemos empezó la primavera diciendo que la unidad se tenía que articular en torno a ellos, pues para algo eran el partido hegemónico de la izquierda radical. Después se conformó con que no hubiera vetos (ahí están Irene Montero o Pablo Echenique) y al final han transigido con cada exigencia de Yolanda Díaz, que no sabemos con quién ha empatado pero los tiene a todos por debajo del futbolín. Si la negociación dura dos semanas más le terminan dando las llaves del chalé de Galapagar, para que celebre allí esas primarias a las que nunca se sometió.
