«Eres un crack»

De todo cuanto dijo Luis Rubiales para defenderse, y que fue casi tan sonrojante como lo que hizo, hay tres palabras que todavía me retumban: «Eres un crack». En la reconstrucción de los hechos que hizo ante la Asamblea, le pareció buena idea justificar su oferta de «piquito» en que Jenni Hermoso le había dicho antes que era un crack. Le llega a susurrar «estás guapo, Rubi» y al siguiente parpadeo no le quedan puestos ni los calcetines, que son siempre los grandes olvidados en este tipo de lances. Al final, como se ha escrito aquí alguna vez mencionando a Pascal, casi todos los problemas del hombre vienen de su incapacidad para estar solo y tranquilo en una habitación vacía. De todo esto nos llevamos dos certezas. Primero, que aquí no dimite ni el que plagia ni el que besa ni el que malversa. Y segundo, que las disculpas, si no se sienten, es mejor no hacerlas. Si 100 horas después de tu arrebato (en el que te agarraste el mazapán, morreaste a una chavala y te echaste al hombro a otra mientras representabas a tu país) lo mejor que se te ocurre es eso, casi mejor que no salgas.
